By Gabriel Gutierrez (NSK)

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El museo de la música.

Buenas noches mi querido lector, el día de hoy hablaremos del amar y el querer; y si seguramente en su mente está el Príncipe de la Canción con esa cara de sentimiento y sufrimiento… pero no, no vamos por ahí –a pesar de que José José resuena constantemente en esta casa-, hoy analizaremos lo que es amar y querer en la música.

En el universo musical con toda la amplitud y ambigüedad que usted guste colocar existen muchas personas que se catalogan como melómanos, que dicen amar la música, que “presumen” de conocer un sinfín de artistas, y de tener una vasta “biblioteca” musical, sin embargo muchos de estos “melómanos” no son más que palabras al aire, ellos realmente no aman la música, ni siquiera la respetan, simplemente la toman del mejor –o más barato- postor y juegan a apreciarla realmente.

Hace unos años la piratería en México y en prácticamente toda Latinoamérica era una constante, uno podía encontrar el CD pirata en cualquier lugar, y prácticamente de cualquier género –por más raro que fuera-, porque incluso aquellos vendedores tenían el descaro de decir “no lo tengo, pero se lo consigo”.

Hoy en día la piratería ha venido a menos o ha dejado de tener preferencia, ya que la mayoría de las personas optan por escuchar sus canciones favoritas de sus “bibliotecas”, en YouTube o Spotify, o cualquier otra plataforma de Streaming; pero dígame querido lector, ¿le parece que la piratería o el Streaming es la mejor forma de amar la música?

Sé que muchas personas quieren, ansían y desean tener esa música que tanto les gusta, que tantas veces han escuchado en diversos lugares y que una vez que la oportunidad se presenta no lo piensan dos veces y compran el CD pirata o lo escuchan en su aplicación de Streaming preferida, pero realmente si usted aprecia al artista o la banda, debería cuestionarse que tanto afecta su forma de consumir la música.

Como lo hemos analizado en otras líneas, no todos los músicos viven la vida de “rockstar”, ni tienen mansiones, autos de lujo y despilfarran dinero por la vida, de hecho son muy pocos los que realmente viven de esta forma, ya que incluso los grandes artistas tienen negocios paralelos, invierten su dinero, ya que como todos saben –menos los Rolling Stones y Kiss- el negocio de la música no es para siempre.

Entonces imagínese, que usted es un artista y que parte de su ingreso y capital para vivir depende no solo de los conciertos y merchandise que tenga, sino de una parte muy importante, las regalías por la venta de su música –sin importar el formato-; y que de repente se encuentre con un fulano que compró su CD en el puesto de afuera del metro o descargo su música en alguna página rusa de dudosa procedencia, ¿puede usted imaginar este escenario?

Tristemente esa es la realidad de la mayoría de los músicos, y en este aspecto el género musical no influye absolutamente en nada, el tema es cuando uno confronta a aquellos corsarios modernos y su respuesta es “no tiene nada de malo”; “es más barato”; o “es que no me alcanza para el original”.

Con esto partamos de un punto, nada, N A D A justifica robar, en eso querido lector creo que estamos de acuerdo, ni siquiera cuando la vida dependa de eso; y si la música no se puede considerar como un tema de “primera necesidad” –posiblemente para mí y unos cuantos adictos si lo sea- la justificación de robarla no es válida, y es tan sencillo como “si no te alcanza”, pues no lo compres, así de sencillo.

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Una aguja hace magia.

Una vez vertido el desprecio contra los corsarios modernos, vamos con aquellos que creen que por tener una sin fin de listas de reproducción en Spotify o cualquier otra plataforma de Streaming ya tienen una gran biblioteca, o peor aún, creen que están apoyando a la banda o su artista favorito, permítame romper sus ilusiones de primaria.

Tomando de referencia a la plataforma de Streaming, Spotify; Spotify paga al propietario de los derechos musicales entre 0.006 y 0.0084 USD, esto es entre 1.23 y 1.64 pesos mexicanos por reproducción, mismos que se tienen que dividir generalmente entre la disquera, productores, artistas, compositores, etc. Ahora usted que se “pavonea” con su biblioteca en Spotify, y más aun diciendo “pero yo pago Spotify Premium” hágale un favor a su artista favorito, y aunque sea invierta $200 pesos (por muy caro) en el CD estándar que venden en Mixup.

Teniendo en mente el panorama anterior querido lector usted podrá entender la diferencia entre el amar y el querer; y es que los coleccionistas –como su servidor- aman la música, y valoran la misma, buscan hasta por debajo de las piedras aquel disco “casi” imposible de conseguir y están dispuestos a ahorrar o destinar parte de su dinero en apoyar a su artista favorito.

Y no le mentiré, yo también uso Spotify, sin embargo es más por practicidad (ya que no existen los reproductores de vinilos portátiles) para poder escuchar y disfrutar la música en todo momento; pero mi aportación al adquirir música sobrepasa el uso que le doy a Spotify.

Como podrá ver, los músicos no siempre viven en la opulencia, y más allá de eso creo que si uno realmente valora y respeta su trabajo, debe pagar por ello, muchos de estos músicos han invertido horas, años, prácticamente su vida en aprender y buscar la perfección en un instrumento; muchos otros han desafiado sus miedos y a la sociedad al dejar una carrera “estable” y perseguir un sueño; muchos otros han tocado de puerta en puerta, y de bar en bar para que alguien más que ellos mismos los escuchen; y muchos otros han dejado parte de su alma en cada una de las notas que nosotros disfrutamos.

Entonces querido lector, si usted pertenece a ese gran y cínico grupo de “melómanos” que apoyan la música consumiendo piratería, descargando ilegalmente o simplemente basando su biblioteca musical en una plataforma de Streaming, hágame favor de retirarse de este buen hogar y jamás regresar; pero si usted después de leer estas líneas entendió y logro empatizar con los músicos, por favor, corra a su tienda de discos más cercana y compre aunque sea un CD.

NSK

“The Devil started dancing, he was entrancing, he was singing “get the fuck off my stage”, that’s the way Satan takes a holiday“ de la canción “Satan Takes A Holiday” por Tommy Dorsey.

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Colección de NSK

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