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“Plaza Mayor. Madrid, España. 2016”

La música es el lenguaje universal por excelencia, más allá de las letras que la acompañan, la música perse reúne varios elementos, tales como la melodía, el ritmo, el sonido, y el más importante, el silencio. Fueron los griegos quienes lograron capturar la idea en conjunto y así poder llamarle música.

Existen diversos estilos, con diferentes raíces y matices en el mundo, pero la música siempre ha sido un fiel compañero del ser humano, tanto, así como su propia existencia; y es que la música la podemos crear nosotros mismos, sin la necesidad de algún objeto ajeno o sin la necesidad de otra persona, es por
eso que la música puede ser el compañero eterno de la soledad.

Pero dejando de lado la parte histórica y la intención de robustecer la cultura general del lector, la idea principal de estas líneas es entender a esos seres que deambulan por las tiendas de discos (o salas de conciertos), generalmente solos, y uno que otro afortunado de la mano de su pareja –quien de forma paciente y benevolente espera a que el susodicho se decida por algo…-, son esos seres los que alimentan a este maravilloso arte.

La industria musical ha sufrido cambios drásticos, ha tenido sus apogeos, y sus épocas críticas, pero aquí sigue, ya sea digital o física; sin embargo, en los últimos años, la presencia de aquellos coleccionistas encorvados y distantes ha logrado que los formatos físicos resurjan del olvido, ya sea en cinta, CD o vinilo; el formato físico ha regresado, y si aclamado público lector, está reconquistando su trono.

El común denominador suele ver a estos danzantes de la música con sorpresa, confusión, al no entender ese gusto, esa pasión, esa necesidad casi maniática de buscar entre pilas de discos, y es que la mayoría va por lo práctico, va por soportar todas sus necesidades en la tecnología, va por plataformas de
streaming o contenido –original si bien nos va- digital.

¿Pero que se esconde detrás de un disco, detrás de un vinilo?, les narraré esa sensación, es como ir desvistiendo lentamente a la persona que te gusta, si, posiblemente la analogía resulta un tanto exagerada, pero aquellos que gustan de tener música en 33 revoluciones sabrán que tengo razón; desprender suavemente el plástico que protege el álbum, cuidando de no maltratar el sticker –si es que trae- ya sea para recortarlo y dejarlo dentro del vinilo o bien para después despegarlo y adherirlo en alguna parte del mismo.

Una vez sin ropa, uno procede lentamente a explorar la tan deseada obra de arte –porque así es queridos lectores, ustedes están sujetando una obra de arte-, analizando a detenimiento la portada y contraportada, -y si es Gatefold mucho mejor… más detalles-; posteriormente indagar en sus adentros, conocerle al máximo mediante los inserts o posters que pueda traer; en los inserts uno puede encontrar la historia de esa obra de arte –de esa persona-, quien lo hizo, donde se grabó, que músicos participaron, y hasta con suerte las letras de las canciones.

Una vez que se admiró aquel cuerpo de cartón, se toma la parte más íntima, el acetato tal cual, con suma delicadeza, cuidando de no tocar sus canales, simplemente sujetando –firme, pero suavemente- con las yemas de los dedos el contorno, para apreciar la limpieza y perfección, no importa el color de piel, al final su esencia –la música- está ahí. Después y con plena delicadeza dejar aquel contenedor de magia y misticismo en la tornamesa, seleccionar la velocidad mediante la cual cobrará vida, colocar el brazo de la torna, y tomar un sorbo de tu whiskey

La magia, el momento casi perfecto de cuando las primeras notas suenan y así lograr solventar las ansias engendradas desde el momento en el que tomaste ese vinilo de la tienda, o desde aquel lejano momento en que salió de su destino y lo esperaste por días; es ese momento el que define el silencio, es aquella esencia que te hace valorar la música, y entender que la paciencia es un factor determinante en el mundo del coleccionismo, es cuando los primeros acordes, las diversas texturas y los infinitos recuerdos salen de un cuerpo plano y retumban en todo tu ser; en ese momento, en ese instante está el arte de amar la música.
-NSK

“You must have chaos within you to give birth to a dancing star” — Friedrich Nietzsche.

Bienvenidos Howllers a este espacio dedicado a compartir libros, películas y música. https://youtube.com/channel/UCW1pbb1juB-q9YeXucTOFjA

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