SILENCIO ENTRE DIMENSIONES

by Gabriel Gutierrez (NSK) & The Howll

El reloj marca las 15 menos 11 de la noche, el timbre suena, sigilosamente me dirijo a la puerta; adelante, pase, disculpe la invitación de último momento –su cara es una mezcla de incomodidad, cansancio y curiosidad-, adelante tome asiento –usted ya escogió su lugar idóneo en mi hogar-, frente a usted se encuentra una taza de café americano-no negro, luego se ofenden si así lo pide uno fuera de México- sin azúcar y bastante cargado.

Disculpará la hora y la premura mi querido lector, pero no he tenido oportunidad de avisarle con anticipación, con referencia a la hora eso ha sido con intención; verá usted que la casa se encuentra sola, delante de nosotros sólo un par de velas y la tornamesa se encuentra lista para perforar un vinilo que a lo lejos parece algo confuso. Pero dígame, ¿cómo está usted?, ¿qué tal su día?, espero no se encuentre muy estresado, podría ser un poco contraproducente.

Noto su intriga y su curiosidad que aumenta conforme los minutos se acercan a media noche, puede notar a su alrededor que hay una botella de Jack y dos vasos, lo que implícitamente le indica que el café sólo fue una cortesía para despabilarlo y el Jack será el medio por el cual sobrellevará el resto de la noche; yo desde el otro extremo de la sala percibo su inquietud, y estoy seguro que va a formular alguna pregunta –como siempre- y eso lo sé porque ya reconozco como frunce los labios y tensa la quijada, en esa desventura entre el atreverse o no a cuestionar en casa ajena, pero antes de que logre articular palabra alguna le interrumpo.

Cierre los ojos y preste atención –su expresión me deja claro que no está muy seguro de seguir mis indicaciones-, confíe, necesito que… ¡¿escuchó ese sonido?! usted asiente con la cabeza, sin poder pronunciar palabra alguna; un zumbido comienza a hacerse evidente entre las líneas de mis palabras, un sonido emanado desde lo más profundo del cuarto, desde lo más recóndito del lugar.

Mientras el zumbido va in crescendo la oscuridad conquista el lugar, un gélido e inusual viento nos acaricia fría y suavemente –ambos sabemos que la casa está perfectamente cerrada-, el zumbido se ha mantenido, pero a lo lejos un segundo tono comienza a coquetear con el tiempo y el espacio, pareciera que pasa de lado y a través de nuestros cuerpos, invitándonos a deambular, a vagar con él, pero solo en mente y no físicamente.

El primer zumbido ha llegado a un punto que sus vibraciones recorren todo nuestro cuerpo, haciendo que nuestros huesos retiemblen y el aire comience a ser insuficiente, aquel tono disonante se mezcla tenuemente con el zumbido, y sus cambios de ritmo generan una incertidumbre; mientras la oscuridad nos envuelve, el zumbido y el tono se han vuelto uno mismo, un sonido tan potente, tan fuerte, tan ruidoso y constante que nuestro cerebro ya no logra reconocer, la ansiedad rebasa a la incertidumbre, el aire es casi inexistente, la desesperación se apodera de cada uno, esa sensación de intranquilidad, de vacío y de sobrecarga emocional, el corazón parece que explotará y nuestro pulso se asoma de nuestro cuello, a lo lejos sólo un pequeño destello, una pequeña flama de realidad.

Es imposible intercambiar palabras, nuestra mente está bloqueada, descubrimos que el sentido del oído es el más poderoso, nos damos cuenta que si se satura, se satura el cerebro, las vibraciones comienzan a doler en la parte lateral de la cabeza, no logramos vislumbrar el fin de esto, el cuerpo sufre y la mente esta estática; un dolor de cabeza se presenta de forma súbita, y va en aumento; usted después de varios intentos logra decir “siento nauseas, ya no puedo más”, pero usted no se ha percatado que yo ya no estoy ahí, de hecho usted tampoco, a lo lejos vemos nuestros cuerpos inertes, inexpresivos, inútiles, aquellos envases de carne y huesos; no existen palabras para esta sensación, usted y yo lo sabemos, pareciera que nuestra mente y cuerpo son entes independientes, ya no hay sonido, ya no hay luz, sólo existe aquel dolor indescriptible, aquel dolor innatural…

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Sunn O))) del álbum “Black One” del 2005.

De repente el silencio vuelve a ser silencio, solo interrumpido por el sutil movimiento del brazo de la tornamesa indicando que el primer lado del vinilo ha terminado, y usted se percata que nunca cerró los ojos, que nunca sufrió de un dolor físico, que lleva tres vasos de Jack, y que su mente jamás se separó de su cuerpo, usted se da cuenta que sólo escuchó a Sunn O))).

Usted se preguntará ¿quién carajos es Sunn O)))?, bueno le contaré, usted no está para saberlo, pero Fercho quien también escribe en este limbo filosófico y su fiel servidor conocieron a Sunn al mismo tiempo pero en diferentes dimensiones, mucho antes de que ellos mismos se conocieran.

Para Fercho Sunn figuró en su mente cuando inmerso en pláticas musicales con sus amigos escuchó que Sunn se presentaría en México en los días próximos, y en su característica curiosidad se dio a la tarea de investigar un poco hasta dar con el afamado álbum “Black One” del 2005; después de escucharlo y absorberlo simplemente pensó que algo le faltaba a esa “música” que había escuchado –al final, como todos, tenía oídos inexpertos en la materia-, sin embargo él no sabía que Sunn se quedaría dentro de su ser, de su psique como un parasito esperando el momento preciso para despertar y propagarse; tiempo después con el lanzamiento de “Terrestrials” una colaboración entre Sunn O))) y Ulver, aquel ente adormilado despertaría en una psique más madura, más experimentada, y de esta forma Fercho pudo ver por primera vez la oscuridad y belleza que Sunn puede proveer al escucha.

En mi caso querido lector la primera vez que Sunn apareció en mi horizonte musical fue por allá del 2009, ese día fue un caos musicalmente hablando, a primeras horas de la tarde en un festival hoy extinto la banda sueca de Black Metal Depresivo Shining se estaba presentando, previo a su performance había pasado un rato de sana y cuerda convivencia con estos suecos, lo usual, sangre, navajas, alcohol, sustancias ilícitas, desnudos y lo más amigable del Black Metal.

Una vez que Niklas Kvarforth terminó su set, me enteré que iría a ver a Attila Csihar (el vocalista de Mayhem que grabó “De Mysteriis Dom Sathanas” de 1994 y que apenas unos años antes había regresado con estas leyendas noruegas), al saber lo anterior decidí investigar un poco y saber dónde estaría, fue entonces querido lector que supe que Attila estaba como vocalista de una banda norteamericana llamada Sunn O))), y que se estaban presentando en un festival un poco ecléctico en el Lunario del Auditorio Nacional –eso fue todavía más extraño-; entonces tomé camino a aquel recinto.

Honestamente no tenía idea, ni siquiera mínima noción de que iba a escuchar -ni las precauciones que debería tomar-, fue entonces cuando Sunn apareció en escena, fue un shock, más que visual, auditivo, literalmente con los amplificadores al máximo volaron el lugar, la gente, mis oídos, los huesos, absolutamente todo; fue en ese momento donde esta relación de odio-amor surgió con Sunn, y le digo que odio-amor, porque realmente necesito estar sumamente relajado al escucharlos, ya que en caso contrario los dolores de cabeza comienzan, así como las náuseas; pero aún a sabiendas de esto sigo adquiriendo cada álbum que editan.

Han pasado ya 10 años de aquel concierto; y le contaré que hace unos días como parte del cierre de la Temporada316 creada y perfectamente producida por 316 Centro, la mente brillante de Sunn se presentó junto con Vyctoria, Julián Bonequi y Lori Goldston. Vyctoria y Bonequi sorprendieron a muchos, me incluyo en este grupo al hacer un performance sorprendente mediante violín, guitarra, bajo y percusiones; todo lo anterior sincronizado de una forma sumamente opresiva para el espectador a la par del uso de guturales sutilmente difuminados entre los ecos de los instrumentos, simplemente sorprendente.

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Monolitos por NSK. Stephen O’Malley México 2019.

Lori Goldston, quien muchos ubicaban por haber participado en aquel MTV Unplugged de Nirvana de hace ya unos años tocando evidentemente el violonchelo; en esta ocasión y acompañada únicamente del mencionado instrumento y un gran amplificador logró hipnotizar con movimientos lentos y precisos, con una gran paz caótica a todos los presentes, lo que causó que al termino de sus poco más de 45 minutos la audiencia aplaudiera y la ovacionara.

Ahora tocaría el turno de Stephen O’Malley o mejor conocido como SOMA; con una pared de aproximadamente 5 amplificadores que hacían clara referencia a unos monolitos; una proyección constante de lo que pareciera ser una masa inerte con nieve en constante movimiento por un viento gélido y un hilo de telaraña inquebrantable; y la mínima iluminación provista por los leds de los amplificadores, el resplandor de la proyección y la iluminación de su pedalboard SOMA dio inicio con un súbito, aparentemente simple y un tanto bajo acorde en su guitarra, un acorde que sería el pilar de toda su presentación y que su permanencia infinita permitiría que el espectador se perdiera entre los senderos del sonido y la oscuridad, poseso por las vagas y brillantes imágenes proyectadas y el retemblar de sus huesos.

Tal y como SOMA lo mencionó horas antes mientras tomábamos café, –que para su saber querido lector, él también toma café americano y sin azúcar (por gusto y no por imposición)- Sunn y sus proyectos adyacentes tales como Burning Wtich, Thorr’s Hammer, Gravetemple,y Pentemple tienen como mera finalidad la exposición más precisa de su visión de la música, ya sea desde el Doom Metal más lento posible, pasando por el Drone, Ambient o Black Metal, esto le ha permitido a SOMA tener una visión más clara y diversa, que por consiguiente le ha permitido colaborar con diversos proyectos tales como Boris, Earth, Ulver o con el hoy difunto Scott Walker.

Pasaron los minutos, la vibra y esencia de la audiencia se fue tornando áspera, densa, casi imposible de soportar, el espacio vital comenzó a ser una prioridad, y la sensación de claustrofobia parecía latente, pero créame esto era la intención, la finalidad de estar ahí, es experimentar esa molestia constante, que poco a poco se tornaba en algo placentero, era ese caos auditivo que al final se volvió un silencio perfecto.

Mientras SOMA nos sumergía entre las tantas dimensiones disonantes que estaba creando, fue imposible no recordar sus palabras unas horas antes, y entender la razón de su forma de ver y entender la música, ese afán casi doloso de desvirtuar la melodía y emancipar la disonancia como un arte propio; ese casi quirúrgico proceso de separar la mente del cuerpo, esa perfecta transición de escuchar el silencio entre dimensiones.

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Stephen O’Malley durante entrevista por The Howll

NSK

“Standing alone, a perfect silhouette, it took the night to believe. Vibrate. Believe” — de la canción “It Took The Night To Believe” del álbum “Black One” de Sunn O))).

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Bienvenidos Howllers a este espacio dedicado a compartir libros, películas y música. https://youtube.com/channel/UCW1pbb1juB-q9YeXucTOFjA

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