Springtime Depression

By Gabriel Gutierrez (NSK)

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Springtime Depression por NSK

Hipócrates, aquel griego, Padre de la Medicina, que entre sus despojos nos dejó diferentes avances y teorías antes de su partida por allá del 370 a. C.; él fue el primero en colocar un nombre a esta tan afamada enfermedad, la depresión.

Inicialmente enunciada como Melancolía, al menos hasta el Renacimiento y posteriormente nombrada depresión del latín depressus que significa propiamente abatimiento, a pesar de ser uno de los padecimientos más antiguos en la historia de la humanidad, dicho lapsus actualmente es uno de los más comunes en nuestra sociedad.

La depresión yo la catalogo como el amor, es igual de intenso, igual de previsible y sorpresivo, tan personal y único para el portador, cada quien tiene un significado distinto de lo que es el amor, y así sucede querido lector con la depresión.

El vínculo entre depresión y música suele estar más ligado de lo que uno imagina — y si, en parte puede usted acordarse de aquellas canciones clásicas que lo empujan a deprimirse más-, pero no mi estimado lector, la música va más allá de la depresión; la música independientemente de conectar momentos, revivir tragedias y añorar personas permite darse cuenta que el mundo entero puede venirse abajo, incluso si está usted sólo y sus audífonos.

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Esperando lo incierto. Texas, EUA. 2014.

La idea de estas líneas surgió –digamos- mediante la combinación de diversas ideas que profundizaré en otros pensamientos; pero entre ellos figuran –y evidentemente relacionados con la música- la autoflagelación y la soledad.

Un diciembre, caminando por las calles de Madrid con varios rastros de lluvia que reflejaban la muerte y el final de un ciclo en los parques aledaños al piso donde vivía, y conmigo mis inseparables amigos, los audífonos sentí esa soledad tan plena y absoluta, que en momentos me dejaba gritar al aire libertad y cuando los faros me alumbraban me hacían percibir que solo mi sombra me acompañaba.

Son este tipo de instantes los que permiten a uno entender lo que la soledad es y conlleva, y la fuerza y magnificencia que la música puede aportar en momentos así, porque como lo mencioné en pensamientos anteriores, al final la música existe con el ser humano, no importa si este se encuentra solo.

Dentro de estos recorridos cotidianos camino a la maestría, los cuales muchas veces los hacia un tanto mecanizados, y no tan perspicaz como parece que lo narro; entendí que el camino de cada persona que me cruzaba tenía sus protagonistas y antagonistas, sus clímax y sus puntos muertos, pero todos, todos querido lector tenían un soundtrack; cada persona sabe que soundtrack le va en cada aspecto de la vida, y vaya que muchas veces el soundtrack digamos que genera un contraste algo interesante con lo que se está viviendo.

Entre charcos y hojas desvanecidas, mis botas y yo recorríamos senderos, y mis audífonos expulsaban la lista seleccionada para ese paseo, no era una lista común y corriente, era una de esas listas que siempre aparecen en esos últimos días de otoño y transcurso a la bienvenida al Sr. Invierno.

Temas de bandas como Shining, Lifelover, Apati (por mencionar algunas) figuraban y desfilaban con singular alegría y evidente apatía en mi cabeza, haciendo que miles de recuerdos fueran y vinieran, y con ellos algunas buenas manías y necias costumbres, principalmente la autoflagelación.

Vaya que es un tema que se debe de profundizar más, sin embargo, aquí les daré un par de pinceladas de autoflagelación –vaya que hay humor negro-, la autoflagelación tal cual como la palabra lo describe, es el acto de infringirse daño o lastimarse y puede efectuarse de diferentes formas y –atención- por distintas razones.

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Arte corporal

Yo solía practicar este bello arte, en el cual mi piel era el lienzo, y a falta de pinceles las navajas parecían una opción adecuada; pero querido lector, no se alarme, no denuncie este “post”, no me busque un psicólogo, o psiquiatra; no, en verdad así estoy bien. La autoflagelación y yo tenemos una tórrida historia, algo así como un “amor prohibido”, y es que yo no lo hacía por tristeza, o depresión; mucho menos para llamar la atención, yo lo hacía por gusto y por placer.

Verá usted, ¿alguna vez le ha picado un mosquito?, y se ha rascado tanto que se ha abierto la piel que le genera una comezón y ardor constante, un tanto incomodo, pero después de un tiempo pasa a ser algo agradable, bueno, eso mismo (me) sucede con la autoflagelación. Y si a esta sensación le añadimos la música, estimado lector, usted aquí tiene un combo ganador; usted aquí ha encontrado el santo grial, el elixir de los dioses.

La sensación del metal en la piel y en los oídos genera una combinación difícil de describir en letras y palabras, es algo así como el dúo dinámico; aquel lector que haya probado estos menesteres de la vida me entenderá.

Dejando un poco de lado la autoflagelación y retomando nuestro sendero bajo los árboles y los charcos en la madre patria, le comentaba que la música suele ser ese ente que siempre nos hace compañía, que en ocasiones parece que toma cuerpo y forma, que respira, que nos escucha e incluso que nos siente, pero ¿qué sucede cuando la música nos transporta a nuestros momentos más ruines, miserables y tristes?, bueno querido lector, en ese momento es cuando la depresión tiene nombre y apellido, es cuando usted decide si abrir la puerta de su casa o simplemente verla mediante la mirilla.

La depresión como le comentaba al inicio, es como el amor, es igual de buena o igual de dañina, depende de uno mismo, y depende que tanto esté dispuesto a soportar por el amor, pero, así como en el amor mi querido lector, si la depresión lleva música definitivamente sabe mejor.

-NSK

“Until it happens to you, you won’t know how it feels” — Lady Gaga.

Reflejo de la Real Basílica de San Francisco el Grande. Madrid, España. 2016.

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Bienvenidos Howllers a este espacio dedicado a compartir libros, películas y música. https://youtube.com/channel/UCW1pbb1juB-q9YeXucTOFjA

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